Test di comprensione della lettura DELE C2

Una prova completa per esercitarti nella comprensione della lettura del DELE C2, con i tre tipi di prova che troverai all’esame. Rispondi, premi Controlla le mie risposte e leggi perché ogni risposta è corretta.

Come funziona questa prova di pratica

  • 26 domande in tre prove, come nella prova ufficiale, che dura 60 minuti.
  • Circa 60 minuti se vuoi lo stesso ritmo dell’esame. Il cronometro è facoltativo e non ti ferma mai.
  • Gratuita e privata. Nulla di ciò che rispondi viene salvato o inviato.

Questo è un modello di pratica originale scritto da Delesiele, basato sul formato pubblicato del DELE C2 (Prova 1). Non è un esame ufficiale dell’Instituto Cervantes e il punteggio ottenuto qui non prevede il tuo risultato. I testi sono un po’ più brevi di quelli dell’esame reale.

0/26 risposte

Prova 1: completa un testo con le parole giuste

Leggi il testo e scegli l’opzione (a, b o c) che completa correttamente ciascuno dei dodici spazi.

Elogio del paso detenido

Vivimos instalados en una especie de vértigo que nos impide, salvo contadas excepciones, sobre el ritmo que imprimimos a nuestras jornadas. Todo, desde la comunicación hasta el ocio, parece regirse por una urgencia que no admite pausas ni, mucho menos, dilaciones. Sin embargo, conviene preguntarse si esa aceleración constante no estará vaciando de sentido buena parte de lo que hacemos, pues rara vez nos detenemos a las consecuencias de vivir siempre a medio camino entre una tarea y la siguiente.

Quienes han ensayado, aunque solo sea de forma provisional, un regreso a la lentitud suelen coincidir en algo: no se trata de holgazanear, sino de recuperar la capacidad de prestar atención. El filósofo que camina despacio por el bosque no pierde el tiempo; lo , lo convierte en experiencia densa y memorable. , quien devora un libro en una tarde, ávido por terminarlo, rara vez conserva en la memoria algo más que una vaga sensación de trama.

Resulta curioso que una sociedad tan obsesionada con la productividad no haya reparado en que la lentitud, bien entendida, puede ser tremendamente eficaz. No hablo de la pereza, que es ausencia de voluntad, sino de ese ritmo pausado que permite los matices de lo que se hace: cocinar sin prisa, conversar sin mirar el reloj, escribir una carta a mano sabiendo que tardará días en llegar. Son gestos que hoy se antojan casi anacrónicos y que, sin embargo, siguen procurando una satisfacción que ninguna aplicación de mensajería instantánea ha logrado sustituir.

Cabe preguntarse, , si esta reivindicación de la lentitud no corre el riesgo de convertirse ella misma en una moda pasajera, en otro producto más que se vende envuelto en aroma a incienso y promesas de bienestar. Puede ser. Pero incluso si así fuera, el gesto de la pausa en una agenda saturada seguiría teniendo un valor innegable, porque nos obliga a cuestionar la tiranía de lo inmediato. No propongo que renunciemos los avances que nos han traído comodidad, sino que aprendamos a dosificarlos.

Al final, quizá lo que está en juego no sea tanto la velocidad a la que vivimos cuanto la calidad de la atención que a cada instante. Es posible que, dentro de unos años, desconcertados al recordar que hubo una época en que comer, caminar o escuchar música se hacían siempre con la mitad de la mente puesta en otra parte. Ojalá para entonces hayamos aprendido que detenerse no es rendirse, sino, , una forma más lúcida de avanzar. De lo contrario, seguiremos corriendo sin saber muy bien huimos ni qué perdemos por el camino.

Prova 2: inserisci sei frammenti in un testo

Dal testo sono stati tolti sei frammenti. Leggi i sette frammenti qui sotto e scegli quello adatto a ogni spazio. Un frammento è in più e non serve.

El idioma blanco del viento

Hay paisajes que no se contemplan, sino que se padecen, y la meseta glaciar que se extiende al sur del fiordo pertenece sin duda a esta estirpe de territorios hostiles con la mirada ajena. Llevábamos tres jornadas arrastrando los trineos por una superficie que el viento había convertido en una lámina pulida y traicionera, cuando comprendí que aquella expedición iba a exigirme algo más que resistencia física. No era la primera vez que me enfrentaba a un entorno extremo, pero sí la primera en que el silencio mismo se me antojaba una presencia casi corpórea, un interlocutor mudo que respondía a cada uno de mis pensamientos con un eco helado.

El guía, un hombre lacónico curtido por decenios de travesías semejantes, apenas pronunciaba palabra durante las horas de marcha; se limitaba a señalar con el bastón las grietas ocultas bajo la nieve reciente, esas trampas invisibles que habían costado la vida a más de un incauto en expediciones anteriores. Aprendí entonces que el hielo, lejos de ser una masa inerte, respira, cruje y se desplaza con una lentitud que solo los iniciados saben interpretar, y que ignorar ese lenguaje equivale a firmar una sentencia.

Al cuarto día, el viento cambió de registro: dejó de ser aquel azote constante y previsible para transformarse en un torbellino caprichoso que nos obligaba a replantear la ruta cada pocos minutos. Recuerdo haber pensado, mientras me protegía el rostro con el pasamontañas, que la naturaleza, en su versión más despojada, no admite la vanidad del explorador que cree dominarla; antes bien, exige una humildad casi monástica, un despojamiento de certezas que al principio resulta desconcertante y que, con el tiempo, se revela liberador.

La monotonía del paisaje —blanco sobre blanco, interrumpido apenas por alguna grieta azulada que delataba la profundidad insondable del glaciar— tiene, paradójicamente, un efecto hipnótico que termina por agudizar los sentidos en lugar de embotarlos. Fue en ese estado de alerta serena, si se me permite la aparente contradicción, cuando empecé a percibir matices que antes se me escapaban: el tono exacto del cielo que anunciaba una ventisca, el crujido particular que precedía al desprendimiento de un serac.

Hacia el final de la travesía, cuando ya las provisiones escaseaban y los cuerpos acusaban el desgaste acumulado, ocurrió algo que ninguno de los expedicionarios supo explicar del todo satisfactoriamente. Prefiero no aventurar hipótesis científicas que no me corresponden, pero sí consignar el hecho de que, durante unos minutos, el grupo entero permaneció inmóvil, suspendido entre el estupor y una suerte de reverencia primitiva ante lo inexplicable.

Regresamos finalmente al punto de partida con las barbas cubiertas de escarcha y una mirada que, según me confesaron después quienes nos recibieron, había cambiado de manera perceptible. Porque, en efecto, quien ha cruzado ese territorio de hielo y viento ya no vuelve a mirar el mundo habitado con la misma indiferencia de antes: algo en la extensión blanca se queda prendido, como una astilla de silencio, en la memoria del que la atravesó.

Frasi tra cui scegliere

  • aNo se trataba de una tormenta propiamente dicha, sino de esas rachas erráticas que levantan cortinas de nieve pulverizada y borran de un plumazo cualquier referencia visual que se hubiera memorizado minutos antes.
  • bAquel silencio, lejos de sosegarme, me obligó a reconocer que la verdadera prueba no residía en los músculos ni en los pulmones, sino en la capacidad de sostener la cordura frente a una inmensidad que no devuelve respuesta alguna.
  • cSobre el horizonte apareció, durante un intervalo breve pero intensísimo, una luminiscencia verdosa que ondulaba sin razón aparente, como si el cielo mismo hubiera decidido desplegar un espectáculo ajeno a toda lógica meteorológica conocida.
  • dCon cada gesto suyo, con cada pausa calculada antes de avanzar, iba transmitiéndonos, sin necesidad de discursos, un saber transmitido de generación en generación entre quienes se ganan la vida descifrando los caprichos del glaciar.
  • eQuienes conocen bien la región aseguran que esa misma meseta, vista desde el aire en pleno verano austral, ofrece una estampa radicalmente distinta, salpicada de lagunas turquesa que contrastan con la aridez circundante.
  • fNo sabría decir si fue el cansancio o una lucidez insospechada, pero empecé a distinguir sonidos que antes se confundían en un rumor uniforme: el roce de los crampones, la respiración entrecortada de mis compañeros, el latido sordo de mi propio pulso.
  • gLo cierto es que algo se transforma de manera irreversible en quien ha mirado de frente esa blancura despiadada y ha vuelto, contra todo pronóstico, para contarlo.

Prova 3: abbina otto affermazioni a sei testi

Leggi i sei testi. Per ogni affermazione, scegli il testo corrispondente (da A a F). Un testo può corrispondere a più di un’affermazione.

A El cuero que marca el paso

Pocos instrumentos resultan tan elocuentes como este tambor de origen africano, cuya membrana tensada sobre un cuerpo cónico de madera reproduce, con solo tres golpes de mano distintos, la columna vertebral rítmica de buena parte de la música cubana. Quien lo ejecuta no se limita a marcar el compás: dialoga, pregunta y responde en un código que los iniciados descifran sin esfuerzo, mientras el profano percibe apenas una cascada hipnótica de matices. Suele tocarse en grupos de tres, cada uno con su registro y su función jerárquica, de modo que el conjunto resulte una conversación de timbres graves, medios y agudos. Su presencia resulta indispensable en ceremonias religiosas de raíz yoruba, aunque ha trascendido ese ámbito para colarse en salas de concierto y estudios de grabación, demostrando una versatilidad que desmiente cualquier etiqueta de instrumento exclusivamente folclórico o devocional.

B La caja que imita el galope

Nacida en los ingenios azucareros del Caribe hispanohablante, esta pareja de parches montados sobre un armazón metálico sustituyó, hace más de un siglo, a los tambores africanos que las autoridades coloniales prohibían por considerarlos subversivos. Su sonido seco y restallante, obtenido con baquetas finas, evoca el trote de un caballo al galope, imagen que no resulta casual si se recuerda su vínculo con las orquestas de salón que amenizaban bailes campesinos. Con el tiempo se incorporó un cencerro adosado al aro, recurso que añadió un contratiempo metálico imprescindible para el estilo que lleva su nombre. Resulta curioso que un instrumento concebido como sustituto, una especie de disfraz sonoro para sortear la censura, haya terminado por convertirse en emblema identitario, presente en cualquier formación que aspire a sonar genuinamente tropical.

C El género que nació del desarraigo portuario

En los muelles y barrios populares de una isla hispanohablante, hacia finales del siglo diecinueve, confluyeron el habanera europeo, los cantos de trabajadores de origen africano y las sonoridades llegadas de la vecina Haití, dando lugar a un estilo cuyo compás binario, marcado por un tambor cónico y un güiro metálico, terminó por convertirse en bandera musical de toda una nación. Al principio, las clases acomodadas lo consideraban vulgar, impropio de salones decentes, y no fue hasta que un dictador lo convirtió en música oficial de Estado cuando logró la respetabilidad que antes se le negaba, paradoja que sus historiadores no se cansan de señalar. Hoy sus variantes orquestales, con acordeón o con conjunto de metales, compiten en popularidad con las versiones más rústicas y campesinas de donde todo procede.

D El trasiego de las claves

Dos simples palos de madera dura, golpeados entre sí sin más artificio que la pericia de la muñeca, bastan para sostener el esqueleto rítmico sobre el que se edifica un patrón de cinco golpes repartidos en dos compases asimétricos, estructura que todo músico caribeño lleva, según se dice, inscrita en el cuerpo antes de aprenderla conscientemente. Ese patrón, lejos de ser un mero adorno percusivo, funciona como columna vertebral invisible que organiza las entradas de los demás instrumentos y que, si se invierte por descuido, hace tambalear la coherencia de toda una orquesta. Su origen se remonta a los cantos de cabildo de esclavos africanos, aunque hoy resulta imposible imaginar sin ella no solo el son, sino buena parte de la música popular que de él se derivó, incluida la que conquistó los salones neoyorquinos a mediados del siglo pasado.

E El baile que cruzó fronteras bajo sospecha

Surgido en los arrabales humildes de un país sudamericano con fuerte presencia caribeña en su litoral, este género de acordeón y caja vallenata comparte con sus primos antillanos la querencia por la narración costumbrista, aunque se distingue por un verso cantado que se asemeja más a la crónica periodística que a la simple copla festiva. Sus intérpretes, auténticos juglares itinerantes, competían antaño en torneos de improvisación donde la memoria y el ingenio verbal pesaban tanto como la destreza instrumental. Durante décadas sufrió el desdén de las élites urbanas, que lo tildaban de música de arrieros, hasta que la literatura y después la radio comercial lo rescataron del supuesto estigma rural. Actualmente conviven sus cuatro aires tradicionales con fusiones electrónicas que algunos puristas lamentan, sin que ello haya frenado su expansión por escenarios internacionales.

F El instrumento hueco que conversa con el viento

Tallado originalmente a partir de troncos ahuecados por termitas o por mano humana, este idiófono de ranuras, percutido con baquetas de goma, produce dos notas de altura diferente según la zona golpeada, lo que permitió a los pueblos originarios y luego a los esclavos africanos trasmitir mensajes codificados a distancias considerables, burlando así la vigilancia de capataces y autoridades. Esa función telegráfica, hoy relegada al terreno anecdótico, convive con su papel musical dentro de ensambles de percusión afrocaribeña, donde aporta un contrapunto agudo y seco que corta la densidad de los tambores graves. Lejos de haberse fosilizado como pieza de museo etnográfico, algunos compositores contemporáneos lo han rescatado para obras de cámara, interesados en su timbre peculiar y en la carga simbólica de resistencia que todavía arrastra consigo.

1 Este instrumento se ejecuta tradicionalmente en trío, con roles sonoros jerarquizados entre sus distintos tamaños.
2 Este instrumento de percusión surgió como alternativa permitida frente a tambores africanos vetados por el poder colonial.
3 Este género alcanzó reconocimiento oficial gracias a la intervención de un gobernante que lo instrumentalizó políticamente.
4 El patrón rítmico de este objeto resulta tan determinante que su alteración desestabiliza la organización de todo un conjunto musical.
5 Los cultivadores de este estilo competían en certámenes donde la habilidad para improvisar versos era tan valorada como la ejecución instrumental.
6 Este objeto sonoro servía antiguamente para enviar comunicaciones secretas a larga distancia entre comunidades sometidas.
7 Este género combina influencias de un vals europeo, cantos laborales africanos y sonoridades de una isla vecina.
8 Compositores actuales han incorporado este instrumento a obras de cámara, atraídos por su timbre y su valor simbólico histórico.

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